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The Language Instinct, by Steven Pinker
Preface

I have never met a person who is not interested in language. I wrote this book to try to satisfy that curiosity. Language is beginning to submit to that uniquely satisfying kind of understanding that we call science, but the news has been kept a secret.

For the language lover, I hope to show that there is a world of elegance and richness in quotidian speech that far outshines the local curiosities of etymologies, unusual words, and fine points of usage.

For the reader of popular science, I hope to explain what is behind the recent discoveries (or, in many cases, nondiscoveries) reported in the press: universal deep structures, brainy babies, grammar genes, artificially intelligent computers, neural networks, signing chimps, talking Neanderthals, idiot savants, feral children, paradoxical brain damage, identical twins separated at birth, color pictures of the thinking brain, and the search for the mother of all languages. I also hope to answer many natural questions about languages, like why there are so many of them, why they are hard for adults to learn, and why no one seems to know the plural of Walkman.


For students unaware of the science of language and mind, or worse, burdened with memorizing word frequency effects on lexical decision time or the fine points of the Empty Category Principle, I hope to convey the grand intellectual excitement that launched the modern study of language several decades ago.

For my professional colleagues, scattered across so many disciplines and studying so many seemingly unrelated topics, I hope to offer a semblance of an integration of this vast territory. Although I am an opinionated, obsessional researcher who dislikes compromises that fuzz up the issues, many academic controversies remind me of the blind men palpating the elephant. If my personal synthesis seems to embrace both sides of debates like “formalism versus functionalism” or “syntax versus semantics versus pragmatics,” perhaps it is because there was never an issue there to begin with.

For the general nonfiction reader, interested in language and human beings in the broadest sense, I hope to offer something different from the airy platitudes-Language Lite-that typify discussions of language (generally by people who have never studied it) in the humanities and sciences alike. For better or for worse, I can write in only one way, with a passion for powerful, explanatory ideas, and a torrent of relevant detail. Given this last habit, I am lucky to be explaining a subject whose principles underlie wordplay, poetry, rhetoric, wit, and good writing. I have not hesitated to show off my favorite examples of language in action from pop culture, ordinary children and adults, the more flamboyant academic writers in my field, and some of the finest stylists in English.


This book, then, is intended for everyone!

El instinto del lenguaje, por Steven Pinker
Prólogo

Nunca he conocido a ninguna persona que no le interesa el lenguaje. Escribí este libro con la intención de satisfacer ese interés. El lenguaje ha empezado a someterse al conocimiento únicamente satisfactorio que le llamamos ciencia, pero la noticia ha sido guardado como secreta.

Para el aficionado del lenguaje, espero mostrar que existe un mundo de elegancia y grandeza en el hablar cotidiana que luce más que las curiosidades de etimología, palabras raras, y puntos finos del uso.


Para el lector de ciencia popular, espero explicar lo que ha provocado los descubrimientos recientes (o, en varios casos, no descubrimientos) reportados por la prensa: estructuras profundas universales, infantes ingeniosos, genes de la gramática, computadoras artificialmente inteligentes, redes neurales, chimpancés que usan idiomas de señales, Neandertales que hablan, idiotas sabios, niños feroces, daño cerebral paradójico, gemelos idénticos separados desde el nacimiento, fotografías en color del cerebro en pensamiento, y la búsqueda de la madre de todos los idiomas. También espero dar respuesta a varias preguntas naturales, como ¿por qué existen tantos idiomas?, ¿por qué son tan difíciles de aprender para los adultos?, y ¿por qué nadie parece saber cuál es la forma plural de Walkman?

Para los estudiantes incultos de la ciencia del lenguaje y la mente, o peor, cargados con la tarea de memorizar los efectos de la frecuencia de las palabras en la duración de las decisiones léxicas o los puntos finos del Principio de la Categoría Vacía, espero exponer la gran emoción intelectual que lanzó el estudio moderno del lenguaje hace varias décadas.

Para mis colegas profesionales, dispersados por tantas disciplinas y estudiando tantos tópicos aparentemente independientes, espero ofrecer una apariencia de integración del territorio extenso. Aunque soy un investigador testarudo y obsesivo, lo cual no le gustan compromisos sosos que ocultan las cuestiones, muchas controversias académicas me recuerdan de los hombres ciegos palpando el elefante. Si mi síntesis personal parece envolver ambos lados de debates como “formalismo contra funcionalismo” o “sintaxis contra semántica contra pragmática,” a la mejor será porque nunca había un enfrentamiento al principio.


Para el lector de no ficción general, interesado en el lenguaje y los seres humanos en el sentido más ancho, espero ofrecer algo distinto a los perogrulladas vacías-Lenguaje Ligero-que tienden a manifestarse en los conversaciones sobre el lenguaje (generalmente por personas que nunca lo han estudiado) tanto en las humanidades como en las ciencias. Por bien o por mal, solo puedo escribir de una manera, con una pasión para ideas poderosas y explicativas y un chorro de detalle relevante. Dado este último hábito, soy afortunado en tener la oportunidad de explicar un sujeto los principios de lo cual forman la base de los juegos de palabras, la poesía, el retórico, la agudeza, y el buen escribir. No he vacilado en exhibir mis predilectos ejemplos del lenguaje vivo, tomados de la cultura popular, niños y adultos ordinarios, los escritores más grandilocuentes de mi campo, y algunos de los estilistas mejores del inglés.

Así que, ¡este libro verdaderamente está dirigido a todos!